Si cualquiera de nosotros escribe “BlackRock” en el buscador de Google quizás se sorprenda por la ingente cantidad de referencias de todo tipo que hay en la red sobre esta compañía norteamericana fundada por Larry Fink a finales de los 80. Conozcamos al coloso de los fondos de inversión, cuál es su presencia e influencia en los mercados financieros a nivel global y en nuestro país.

BlackRock, sus inicios

Hablar de BlackRock es hablar de un ente de enrorme talla e influencia a nivel global, hablamos del primer tenedor y gestor de fondos de inversión a nivel mundial.

Los orígenes de BlackRock (www.blackrock.com) cabe encontrarlos en The Blackstone Group (www.blackstone.com ), un banco de inversión estadounidense fundado en 1985 por Peter G. Peterson y Stephen A. Schwarzman. A pesar de tan siniestro nombre (piedra negra), el origen del nombre de Blackstone está ligado a los nombres de los dos cofundadores: Schwarz significa negro en alemán (black en inglés), y “Peter”, del griego petra, que significa piedra (stone en inglés).

Blackstone fue originalmente una empresa de fusiones y adquisiciones, la primera de las cuales fue en 1987, con la fusión de dos bancos de inversión, E. F. Hutton & Co. y Shearson Lehman Brothers. A principios de 1987, Blackstone comenzó a diversificar su negocio y pronto se convertiría en una empresa líder de inversión de capital privado a nivel global.

Si bien a lo largo de sus dos primeros años de andadura se habían centrado en el negocio de consultoría Peterson y Schwarzman decidieron redirigir sus actividades a un modelo más cercano al de los bancos comerciales. Gracias a esta nueva estrategia, el negocio creció rápidamente y en 1988, tan solo 3 años después de que hubieran iniciado su singladura, Nikko Securities, adquirió el 20% del capital del grupo por $ 100 millones, valorando Blackstone en $ 500 millones. Se estaban formando los cimientos de un coloso.

Es la mayor gestora de activos del planeta, valorados en unos 5,3 billones de euros, casi cinco veces el PIB español, o casi tanto como el PIB de Alemania y Francia juntos.

Ese mismo año y bajo el paraguas del Grupo Blackstone, Larry Fink y Robert S. Kapito junto con otros socios de Blackstone, decidieron crear el grupo que hoy es conocido como BlackRock. El nombre de la compañía, claramente inspirado en el del banco que lo vio nacer, parece ser un guiño a sus orígenes.

Según reza en su propia web, BlackRock comenzó en 1988 con ocho personas en una habitación que creyeron que podrían construir la mejor firma de gestión de activos del Mundo. 30 años después podemos afirmar que lo consiguieron.

Con el paso de los años BlackRock se ha convertido en un gigante. Tal y como reza en su propia web “Hoy día somos la empresa líder a nivel global en gestión de inversiones, administración de riesgos y servicios de asesoría dirigido a clientes minoristas e institucionales en más de 30 países de todo el mundo”.

En efecto, BlackRock es la mayor gestora de activos del planeta, valorados en unos 5,3 billones de euros (casi cinco veces el PIB español o casi tanto como el PIB de Alemania y Francia juntos). BlackRock se podría definir como un superfondo de fondos, que coloniza el mundo con un volumen de activos apabullante que crece por encima de lo que lo hacen los principales países. Con esos 5,3 billones de activos en gestión, solo Estados Unidos, China y Japón estarían por encima del patrimonio que maneja la gestora fundada por Larry Fink, lo que la convierte en el ‘cuarto Estado’ en la sombra.

 

¿Cómo opera BlackRock?

Las inversiones a largo plazo, la minimización del riesgo y la tecnología son las tres piedras angulares sobre las que se sustenta el éxito de la compañía norteamericana.

El modelo de gestión de inversiones de BlackRock es largoplacista y de gestión pasiva. Las herramientas de ahorro a largo plazo, como los planes de pensiones, son la prioridad de la compañía. Larry Fink considera que las estrategias de inversión a corto plazo son un error porque cualquier turbulencia les hace entrar en pánico, como ocurrió tras 2008 en el que mucha gente se salió del mercado. Por otro lado, la inversión pasiva se realiza a través de productos como los ETFs (Exchange Traded Funds), fondos de inversión que replican la composición de un índice bursátil y cuyo objetivo es imitar su evolución.

Aladdin® calcula el riesgo y toma las decisiones de compra-venta, y lo hace tan bien que la empresa lo cede a otros inversores a cambio de una tarifa millonaria.

Para monitorizar los índices a una escala global y minimizar el riesgo que contrae en sus inversiones, BalckRock desarrolló la plataforma digital Aladdin®. En la página web de la compañía se describe a este sistema inteligente: “Es difícil de imaginarse un desafío más universal, más penetrante que el bienestar financiero. Así lo entendimos en su momento y emprendimos un viaje para construir la plataforma de gestión de riesgos más sofisticada a nivel mundial: Aladdin®”.

Este sistema basado en Inteligencia Artificial (IA) es la central de operaciones de BlackRock, un cerebro que le permite saber lo que tiene y lo que tendrá. Aladdin® registra innumerables eventos históricos, desde las fluctuaciones de diferentes productos financieros hasta cataclismos climáticos, escándalos políticos y demás variables, y los compara con el momento presente, de cara a analizar el riesgo de la inversión. Lo hace continuamente y aprende sobre sí mismo sobre las decisiones que tomó y sus consecuencias. Gracias a ello puede tomar decisiones óptimas bajo el amparo del binomio rentabilidad y riesgo. Aladdin® calcula el riesgo y toma las decisiones de compra-venta, y lo hace tan bien que la empresa lo cede a otros inversores a cambio de una tarifa millonaria.

Larry Fink

Larry Fink, CEO

 

Si su política de inversión es el largoplacismo, la gestión pasiva y su sistema artificial de toma de datos y de decisiones, sus fuentes de financiación son el dinero de terceros. En opinión de Larry Fink, la gran mayoría de los inversores pierden confianza en el Estado y buscan en el sector privado las garantías de subsistencia que el sector público no ofrece. BlackRock se financia gracias al dinero de jubilados (planes de pensiones de empresas), administraciones públicas, sindicatos, industrias, aseguradoras, fondos patrimoniales soberanos, fundaciones, bancos, organizaciones benéficas, etc., incluso de algunas importantes agencias de rating (Moody’s y McGraw-Hill).

Crecimiento e influencia a nivel global

Uno de los motores del crecimiento exponencial de BlackRock han sido su carácter predador. Ha ganado tamaño a base de adquisiciones. Otra de sus habilidades ha sido sacar petróleo de la gran recesión mundial. La crisis del sistema financiero a nivel global sirvió a la entidad para coronarse en el mundo financiero. De hecho, desde 2008 sus acciones se han revalorizado más de un 90% y muchos gobiernos se han echado en sus brazos para buscar asesoramiento. El propio Tesoro de EE UU contrató los servicios de BlackRock para gestionar los activos tóxicos de las diferentes entidades nacionalizadas. El Gobierno de España hizo lo propio en 2011.

Esta capacidad de crecimiento ha convertido a BlackRock en un auténtico poder en la sombra. Su influencia en el mercado contrasta con el anonimato que disfruta fuera de los círculos financieros. Si BlackRock fuese un país sería la cuarta economía del planeta tras EE UU, China y Japón.

La compañía norteamericana habla de tu a tu con los gobiernos e instituciones financieras. Les aconseja cómo actuar y lo mismo hace con las compañías en las que es el principal accionista. Entre ellas están, por ejemplo, el 88% de las empresas en el índice S&P 500.

BlackRock es tan grande y tiene tanta liquidez que el Banco de Italia también cree que supone un “riesgo sistémico”. Si se retira de un mercado a la baja y otros le siguen, podría convertir una mera corrección en un crash.

Su presencia e influencia en compañías del mismo sector afecta a la competencia y, según Fiona Scott, ex fiscal antimonopolio del Departamento de Justicia de EE.UU., es una fuerza decisiva para consolidar los monopolios. La UE teme lo mismo. Cuando una institución tiene intereses en varias empresas que compiten entre sí –como es el caso de BlackRock– aparece un incentivo para reducir la competencia. En Alemania por ejemplo, BlackRock es el principal inversor en empresas como BMW, Mercedes, E.ON, RWE, Deutsche Telekom, Lufthansa, Bayer, Deutsche Bank, Allianz…compañías competidoras en el sector automovilístico, farmacéutico o energético que comparten accionariado entre sí. El conflicto de intereses está servido.

Michael Theurer, diputado del partido liberal (FDP) en el Bundestag, opina que “gracias a su gran tamaño, BlackRock tiene un poder de mercado que ningún Estado puede controlar. Esto socava las reglas básicas de nuestra economía de mercado”. Lo que también preocupa a Theurer es que BlackRock pueda ser asesor de un gobierno –como lo fue del español para crear la Sareb– y luego beneficiarse de esta información privilegiada para decidir sus inversiones.

BlackRock es tan grande y tiene tanta liquidez que el Banco de Italia también cree que supone un “riesgo sistémico”. Si se retira de un mercado a la baja y otros le siguen, podría convertir una mera corrección en un crash.

Su presencia e influencia en España

Como no podía ser de otro modo, BlackRock tiene igualmente una presencia singular en España. Sus inversiones en el sector financiero, asegurador, inmobiliario y energético la ha convertido en dueña del Ibex 35 al capitalizar activos por un valor en torno a 18.500 millones de euros, equivalentes más del 3% de todo el Ibex, con un acumulado actual de 584.000 millones de euros. Según INVERCO, en 2013 BlackRock se convirtió en la gestora internacional con más activos bajo gestión en España.

La mayoría del porcentaje del capital que atesora BlackRock en compañías del Ibex lo ostenta mediante la tenencia, directa o indirecta de los títulos, aunque también lo hace a través de instrumentos financieros derivados, contabilizando, en este caso, el 9% de los 18.500 millones por los que capitaliza ese porcentaje. Más de la mitad de este capital lo concentra la gestora estadounidense entre el Banco Santander, el BBVA y Telefónica.

Su presencia en nuestro país tampoco está exenta de polémica y, al igual que en otros países, se la acusa de actuar bajo un permanente conflicto de intereses entre su división de consultoría y la de inversiones, y su influencia en las decisiones que toma el Gobierno. A raíz de su colaboración con el Banco de España, por ejemplo, BlackRock tuvo información privilegiada sobre los sectores financiero e inmobiliario, en los que invirtió con fuerza a partir del 2008.

Fuentes: BBC, EL PAIS; LA VANGUARDIA, BLACKROCK

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